La ilustradora Raquel Córcoles () invitó el pasado mes de junio a la (Lourdes Hernández) a su podcast Moderneces para hablar , una edad que la intérprete de Cigarettes alcanzó el año pasado. Durante la conversación, que transita por el tema de la maternidad, los partos y la poca tolerancia de la invitada a la sangre, se cuela de pronto un concepto aún desconocido para muchas personas, a pesar de existir desde hace décadas: , revela Hernández, a lo que su interlocutora reacciona con sorpresa: “Pensé que no existía, que serían mujeres que bailan desnudas bajo la luz de la luna”. Ambas se refieren a las personas menstruantes que no bloquean ni recogen el flujo menstrual; es decir, sangran sin usar productos.
Como Hernández, que en la entrevista cuenta que hace siete años empezó a practicar el sangrado libre pensando “a ver qué pasa”, otras mujeres han dejado de usar productos menstruales de forma voluntaria en un momento de sus vidas. En 2022, investigadores españoles de diferentes universidades presentaron un estudio titulado , en el que detallaban que, de las 22.823 personas menstruantes que participaron, un 3,7% no utilizaba ningún producto para la retención menstrual; es decir, practicaban lo que en inglés se conoce como free bleeding (sangrado libre). Entre las razones para no usar tampones, copas, compresas y otros productos mensualmente está también la (un 12,1% de participantes en el estudio declararon “problemas financieros en el último año siempre o muchas veces”).
Quienes prescinden de estos productos voluntariamente, aun teniendo acceso a ellos, tienen sus propios motivos para hacerlo; entender cuáles son es más fácil si se parte de esta premisa: ninguna menstruadora [uso adaptado de menstruante] libre es igual que otra, ninguna le dice a otra cómo debe menstruar y, en definitiva, como en cualquier otro aspecto de sus vidas, cada persona hace lo que puede y le va mejor.
Aquella tarde pasaron más cosas en la intimidad de la casa de Chamorro: “Primero, descubrí que no estaba sangrando constantemente y, luego, una de esas veces que fui al baño, me di cuenta de que, al realizar un par de ejercicios de suelo pélvico, cayó una gota de sangre”. Después de ese descubrimiento, vino la gran pregunta: “¿Acabo de menstruar voluntariamente? Y si lo he hecho en este momento, ¿lo puedo hacer durante toda mi menstruación?”, se cuestionó Chamorro. Esta reflexión fue el origen de su investigación sobre la retención consciente de la sangre menstrual, que desde entonces explica a su comunidad en redes sociales, además de en su libro.
Para Ona, artista de 31 años residente en el Maresme (Barcelona), la renuncia de los productos de higiene menstrual tuvo menos de experimental y más de necesidad. Tras marcharse de casa, cuenta por teléfono, dejó de poder comprarlos “porque eran muy caros”. Tenía 16 años. “Pasé un año usando papel de váter para ponerme en mi entrepierna durante los días de sangrado”, explica, y acabó dándose cuenta de que ya no los necesitaba: “De manera intuitiva, mi cuerpo ya sabía cuándo tenía sangre. Para evitar mancharme, iba a soltarla al baño”. Para Ona, el sangrado libre llegó sin saber que se trataba de una práctica, algo que otras mujeres también hacían: “Ni siquiera sabía que existía el ”, confiesa.
Además de las circunstancias que las llevaron a cada una a sangrar libremente, existe otra diferencia entre ambas mujeres: sus entornos. Chamorro cuenta que ya trabajaba como azafata de vuelo, recorriendo el mundo en un avión atendiendo pasajeros y dando instrucciones de seguridad, cuando decidió renunciar a las ayudas menstruales; explica que para ella fue fundamental ponerse primero: “A 49.000 pies de altura, si se te escapa la sangre y te manchas, te quedas así, porque no tienes a dónde ir a cambiarte. A mí no me ha llegado nunca al pantalón porque siempre me he priorizado: antes de que lleguen mis pasajeros, voy al baño, suelto lo que tenga que soltar y después hago mis ejercicios de suelo pélvico para poder descargar todo lo que no cae por su propio peso y evitar así las descargas involuntarias en momentos que no puedo controlar“, resume. En el caso de Ona, la artista, que vive “en el medio de un bosque, en una comunidad con más gente”, también ha tenido momentos difíciles, aunque por otras razones. Aún recuerda cuando trabajaba en el campo y un jefe le impidió alejarse unos metros para descargar sangre porque “tenía que producir”. “Así que me bajé los pantalones delante de él y la solté”, recuerda.
“Los espacios rurales suelen ser espacios más tranquilos, más lentos. En cambio, un espacio de ciudad es más rápido, más de inmediatez, del aquí y ahora”, sostiene en otra conversación telefónica . “Puedo tener un montón de baños disponibles, pero si mi cabeza está haciendo otras 50 cosas a la vez, no me voy a acordar de preguntarme qué sensación tengo en mi vagina y en mi vulva en cada momento, ni de preocuparme por si tengo que ir al baño”, reflexiona la fisioterapeuta con máster en Suelo Pélvico y también sexóloga.
De la Fuente, que en ocasiones ha practicado el sangrado libre, también tiene su propia experiencia al respecto: “Me he dado cuenta de que en casa soy capaz de hacer un sangrado libre, sin fugas, y en cambio, cuando voy a trabajar, me es muy difícil hacerlo porque no estoy conectada con ninguna sensación de mi cuerpo”. Según la experta, para llegar a practicar un sangrado libre completo “se necesita un punto de conciencia corporal muy alto”. Y explica: “A nosotras nos han educado para ponernos algo, ya sea una compresa o un tampón, y tirar el día. Y si puede ser, que no te acuerdes de que tienes la regla. Por eso también, a poquito que te duela, te educan para tomarte para no sentir, para estar igual que el resto del tiempo. Cuando llevamos años menstruando, llegar a esa conciencia corporal parece imposible”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
