Teixits Vicens, el ‘ikat’ como acto de resistencia | Vive Saludable

Teixits Vicens, el ‘ikat’ como acto de resistencia

Teixits Vicens, el ‘ikat’ como acto de resistencia

Emplear tres meses para confeccionar 200 metros de tela puede significar la autoinmolación de un negocio o su valor añadido. Sin ese convencimiento, sin esa cabezonería, no hay singularidad. Convertir metros de tela en cojines (46 euros), cortinas (75 euros un metro), manteles (340 euros), bolsos (62 euros) y otros productos de calidad y resistentes, fruto de mezclar algodón con lino, requiere tiempo, paciencia, conocimiento, concentración y rebeldía. se fundó en 1854 en , al norte de la isla de . Es la casa de las telas lisas, rayadas y de llengües, realizadas mediante la técnica artesanal del ikat, un término que proviene del malayo-indonesio mengikat, que significa “atar, enlazar, sujetar”. Y esa es, precisamente, la base de esta técnica ancestral, que llegó a la isla en el apogeo de la Ruta de la Seda en el siglo XVI, urdir y atar los hilos antes de teñirlos para que el tinte no llegue a ciertas zonas. Así, una vez tejidos, los hilos revelan unas llengües, llamas o lenguas de fuego de color azul o verde o amarillo o rojo, de contornos difusos, que hacen única cada pieza que las luce.

Con la crisis financiera de 2008 y la competencia de multinacionales de la moda y el mueble, “fue cuando decidimos ampliar el catálogo de productos”, recuerda Fuster. También ampliaron la tienda de este negocio familiar en el que hay 11 trabajadoras en una plantilla de 15 personas. A las tapicerías, cortinajes y ropas de cama y mesa sumaron alpargatas, bolsos, cinturones, sombreros, carteras y prendas de ropa. Oxígeno para seguir funcionando unos cuantos años más. Productos que empezaron a promocionar a través de sus y que han calado entre los jóvenes.

Caterina Vicens Capllonch, Cati, hija de Martí y Antonia y una de las propietarias del negocio, cuenta, mientras camina por la tienda, que lo que han hecho los que han venido después ha sido retocar un poco lo que hicieron sus padres para avanzar. Ellos ya hicieron esos mismos productos, pero en un escenario diferente. Y muestra una foto que hay en el taller en la que se ve al matrimonio, vistiendo ella una falda y él una camisa de telas de llengües.

El cliente que entra en la tienda también puede visitar el taller. El padre de Cati no quería que en ese espacio entrara la gente. “Nosotras creemos que enseñarlo pone en valor el producto que elaboramos, hace que la gente vea y entienda lo que hacemos y cómo lo hacemos”, dice Cati. Del taller llama la atención el ruido que hacen las máquinas y que parece que se haya congelado el tiempo. Conservan en buen estado máquinas de los años sesenta, con algún que otro retoque casero para poder homologarlas y así pasar las inspecciones de trabajo pertinentes. Los operarios desempeñan sus funciones concentrados y con protecciones auditivas. Su formación requiere casi cuatro años. Aquí todo se hace a fuego lento.

Viéndoles manipular las madejas, los hilos, las bobinas al son del traqueteo de las máquinas al girar, hace que el lugar evoque una escena de la película Tiempos modernos. Hoy las bañeras en las que se tiñen las telas están vacías. Las salpicaduras azules en las paredes son la prueba de que ese color, que evoca al Mediterráneo, y el verde oliva son los representativos de la casa. Cuenta Fuster que Martí fue el responsable de la explosión de color en las telas. Al principio eran cinco tonos, hoy manejan casi 30. En ese contexto se entiende que Martina Roselló Vicens, diseñadora de formación, nieta de Martí y Antonia y otra de las propietarias del negocio, diga que si ella es una persona creativa es porque la educación que ha tenido ha sido entre colores.

La visita al taller es como asistir a una clase magistral sobre el ikat. Un proceso, un arte, que consiste en cubrir a mano con un trozo de goma de cámara de bicicleta una zona de los hilos para hacer una reserva de color. De este modo se tiñen partes alternas de la tela. Cada tela tiene un ancho de 1,50 metros y está formada por 2.052 hilos, cada uno de los mismos con una posición. En función del dibujo, se tiñen más o menos hilos. Con estos ya teñidos entonces se mueven para hacer los diferentes diseños. Este trabajo lo hace a mano un urdidor y después se pasa al telar mecánico. “Necesitamos tres meses para confeccionar 200 metros de tela”, explica Fuster. Tiempos de producción que no encajan con los tiempos que corren. Muchas empresas les han propuesto trabajar para ellas, pero Vicens ha dicho que no porque ni puede acelerar la velocidad de sus procesos ni producir a gran escala ni perder los valores que le han hecho llegar a 2026 con carrete suficiente para seguir cumpliendo años.

De la habitación en la que está el telar mecánico salen cuatro mujeres a las que una empleada les está haciendo un recorrido guiado por el taller en alemán. La clientela mayoritaria es femenina. “Parece que somos nosotras las que decoramos las casas, pero muchos de los decoradores de interiores que vienen son hombres”, dice Cati. Sus telas son muy cotizadas para proyectos de interiorismo en los que se busca combinar tradición, elegancia y funcionalidad. Martina cuenta que la actriz Lauren Bacall decoró su apartamento en el edificio Dakota de Nueva York con telas de Vicens. La prueba es una foto de la que no se sabe su paradero, pero que promete enseñarla en cuanto la encuentre.

Bartomeu, Cati y Martina coinciden en que ahora se valora más a Teixits Vicens, que los clientes buscan productos auténticos. Con el paso del tiempo, con cada nueva generación, se ha instalado en esta casa textil una visión de negocio que se ha sumado a la anterior. Lo viejo y lo nuevo se complementan y coexisten, igual que lo pueden hacer la globalización y la artesanía. Se trata de tender puentes. De momento hay relevo generacional, y eso que Martina cuenta que su abuela Antonia decía que, si pudiese retroceder en el tiempo, no se hubiera metido en este lío porque dirigir una empresa familiar es un mal de cap. Un quebradero de cabeza, una gran responsabilidad y muchos desafíos.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.